sábado, 1 de marzo de 2008

EL AMOR TIENE OLOR

Definitivamente después de haberse discutido unay mil veces, que el amor es ciego, hoy se declara y de manera contundente que el amor tiene olor.
Y es apenas lógico que unido a un beso lo mejor que debe quedar es el sabor del amor, el cual jamás se puede confundir con el de una dentadura en mal estado o una mala higiene bucal.
Hace apenas unos pocos días que leía, todo lo que se ha avanzado en odontología, la cual se mira ya no como la práctica sola del remiendo de los rotos, sino que ahora es una profesión completamente abordada por la estética, la cual va desde el blanqueamiento, la porcelana, el diseño de sonrisa, para terminar con la entrega de un producto que logra cambiar los rasgos, y hasta la fisonomía de la perona.
Desde niña nunca le tuve miedo al odontólogo. San Gil contaba con dos destacados profesionales a donde debía acudir por orden de la señora Livia: el Dr. Remigio Espinosa y el Dr. Urrea. Ellos dos son culpables del color plateado en la dentadura de las personas de mi época. Claro que yo peertenezco a esa generación, pero ya renovada. La porcelana acompaña mi dentadura desde hace como ocho años, la cual fue totalmente cambiada por mi gran amigo Gonzalo Chacón.
Yo creo que él debe tener en su poder el ANTES y el DESPUÉS de ese trabajo agotador donde permanecí con la boca abierta cualquier cantidad de horas. Horas sabiamente matizadas con el comentario político, social que es un tema que siempre lleva adentro Gonzalito.
Siempre he pensado que los homenajes se hacen en vida. Y hoy quiero hacerlo con él. Un hombre batallador, entregado fielmente a su profesión y a su familia, y a quien lo espera la capital en los próximos meses para acompañar a su primogénito -quien seguramente será el mejor bachiller del Colegio San Pedro este año- y de esa manera continuar con la labor la mejor labor que hace GONZALO CHACÓN: rodear de inmenso amor a su familia.
A él mi gran admiración.